Entrevistas

Eduardo Armas: «En los tres restaurantes pretendemos que el trato al cliente y la empatía sean marca de la casa»

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Compatibilizar su profesión, como Letrado de la Administración de la Seguridad Social en Barcelona y profesor universitario, y ser socio en la actualidad, de varios restaurantes de éxito en Barcelona, Arume y Louro, hacen a Eduardo Armas un profesional inquieto y comprometido y una fuente de inspiración, para todos aquellos que lo conocemos.  

En plena pandemia, hace menos de 3 meses, ha abierto su último proyecto gastronómico, Besta,  que une el Atlántico y Mediterráneo de la mano de sus dos socios cocineros, Manu Núñez y Carles Ramón, un reto compuesto de esfuerzo, arte y compromiso. 

Eduardo Armas restaurante
Socios Arume

María Parga: Arume-Besta, un origen, 7 años de experiencias y una pandemia ¿Cómo comienza la aventura? 

Eduardo Armas: Una tarde, en el barrio de Gràcia (Barcelona), en la plaza de la Virreina y una conversación entre dos amigos: ¿por qué no montamos un restaurante?, le planteo a mi socio Rubén Bermúdez. Yo, a diferencia de él, nunca había trabajado en hostelería, había estudiado Derecho, me había puesto a opositar y aprobado la oposición, tomé posesión de mi plaza de letrado en Barcelona, pero tenía presente el mundo de la restauración de la mano de mis suegros, Manolo y Lolita, socios por aquel entonces en los Restaurante San Clemente y Carretas, en Santiago de Compostela. Los restaurantes de mis suegros fueron el germen de la propuesta que le planté, sin darle demasiada importancia, a mi socio Rubén.

Él recogió el guante, pisó el acelerador y en 10 días había encontrado un local que a la postre acabaría convirtiéndose en el restaurante Cera 23. En ese proyecto, por incompatibilidades de tiempo y dedicación con mi profesión de letrado de la Administración de la Seguridad Social y profesor universitario de Derecho, decidimos no participar Rocío, mi mujer, y yo, aunque ayudamos económicamente en el nacimiento de Cera 23, una institución a día de hoy en el barrio del Raval de Barcelona. Dos años después, a finales de 2013, Rubén me propone entrar como socio en Arume y esta vez acepto encantado.

En diciembre de 2013 comienza a gestarse Arume, que abre finalmente sus puertas en junio del año 2014. La historia de Arume es una historia de éxito empresarial que nos pilló por sorpresa a los cuatro socios:

Manu Núñez, socio cocinero – que en ese momento era jefe de cocina del Hotel Neri, en Barcelona y que pretendía marcharse de la mano de Pepe Solla a cocinar a Brasil – que decidiese quedarse y unirse al proyecto como socio fue una suerte y marcó decisivamente el rumbo del restaurante. Sobre su talento en la cocina se construyó Arume, con la aportación de Rubén Bermúdez (Muros), Carlos García (Lugo) y también de mi mujer, Rocío y mía (Santiago de Compostela). 

Arume evolucionó gastronómicamente de la mano de Manu Nuñez y empresarialmente, gracias al entendimiento de los cuatro socios, Rubén, Carlos, Manuel y yo. La toma de decisiones no siempre fue fácil, pero esa dialéctica enriqueció el restaurante y acabó permitiendo el nacimiento de proyectos paralelos de los distintos socios, naciendo así los restaurantes Viana, Louro y recientemente el restaurante Besta, junto a los ya existentes Cera 23 y Arume.

Al mismo tiempo, de la mano de Arume nació La pulpada electrónica, una fiesta de domingo concebida inicialmente como una Fiesta hipster con pulpo á feira y que acabó trascendiendo a la comunidad gallega de Barcelona y congregando a más de 5000 fieles del pulpo de todas las edades y nacionalidades, que devoraban más de 300 kilos de pulpo y producto gallego, al ritmo de DJ’s de la escena local barcelonesa. Un festival de día de música que se había ganado un nombre en la difícil escena barcelonesa, y que justo antes de la pandemia pretendía crecer de la mano de nuestros patrocinadores para dar el salto a Madrid y Valencia.

Eduardo Armas restaurante
Socios Louro

M.P – ¿Cómo ha sido la evolución? ¿Qué es lo que más ha cambiado en estos 7 años?

E.A – Respecto de la evolución de los restaurantes en estos últimos siete años, la ciudad, Barcelona, ha cambiado mucho y nuestros locales se han ido adaptando a dichos cambios. Una ciudad, que cuando abrimos Arume en 2014, era un icono mundial en turismo cultural, gastronómico y de negocios, ha sufrido un atentado, un importante aumento de la delincuencia y una inestabilidad política con tres administraciones incapaces de entenderse ni para lo más básico. Es necesario propiciar un clima que permita a las personas vivir en paz y a los negocios trabajar con normalidad.

Solo una ciudad con la fuerza de Barcelona podría superar tantos obstáculos y así lo estaba haciendo cuando el COVID19 golpeó al mundo y a la restauración en particular. En el momento de esta entrevista empezamos a ver la luz al final del túnel, ayer mismo se ponía fin al uso obligatorio de las mascarillas en espacios abiertos y la reacción de la clientela nacional, como los turistas que comienzan a llegar, nos hacen ver el futuro con optimismo. 

M.P – ¿Qué diferencias hay entre los diferentes conceptos y restaurantes?

E.A – Arume, Louro y Besta, son tres restaurantes muy distintos en cuanto a la propuesta que plantean.

Arume, en el barrio del Raval de Barcelona, ofrece una cocina gallega viajera en la que encontramos platos como ceviches, gyozas o una tortilla de Betanzos. Louro, restaurante del Centro Gallego de Barcelona, que incorpora a Miguel Bermúdez y Guille Dosil (ambos de Muros) al proyecto, mira más a la tradición, en forma de pulpo á feira o arroz con bogavante. Y el último en llegar, Besta abierto hace escasos tres meses, plantea un diálogo entre Atlántico y Mediterráneo de la mano de sus dos socios cocineros, Manu Núñez, gallego residente desde hace ocho años en Cataluña y Carles Ramón, catalán y residente largo tiempo en Galicia,  trabajando en restaurantes como Arallo de Coruña o Sabino en Sanxenxo. 

M.P – ¿Qué buscáis en los equipos y socios que conforman vuestros proyectos?

E.A – En los tres restaurantes pretendemos que el trato al cliente y la empatía sean marca de la casa.

Familiaridad y profesionalidad en sala y arte, responsabilidad y capacidad de trabajo en cocina, serían cualidades que yo haría prevalecer a la hora de contratar a alguien. Respecto de mis socios, yo he tenido mucha suerte con ellos. Mi papel en Arume, pensado inicialmente como socio capitalista y asesor legal, mudó rápidamente una participación directa en el día a día del restaurante y su operativa, siempre ajeno a la cocina, en la que Manu respondía, pero compartiendo con Rubén y Carlos la responsabilidad de recibir y acomodar a los clientes para intentar dar ese plus de cercanía y conexión con los mismos.

Compatibilizar la defensa del Estado en juicio en Cataluña, en un momento tan difícil como éste, con la docencia universitaria y los restaurantes, no ha sido fácil, pero estos últimos 7 años han sido los más bonitos y estimulantes profesionalmente de mi vida. Ver nacer y crecer proyectos como Arume y Louro,  dar trabajo a 40 personas entre los distintos proyectos, aprender una profesión de cerca como la hostelería, profesión de mis suegros, a los que quiero y admiro por su dedicación y seriedad en el trabajo y poder ayudar a dar a conocer en Cataluña a pequeños productores gallegos como vermú Lodeiros,  los vinazos de Xurxo Alba o Neno da Ponte Canceliña, han hecho de estos años de aventura empresarial un auténtico lujo.

En Barcelona hay a día de hoy una interesante escena de jóvenes restauradores gallegos entre los que tenemos muy buen rollo destacando a Marta Valiña y Edu Pereira en Bicos y a Javier San Vicente de Taberna Noroeste.

Eduardo Armas restaurante
Socios Besta

M.P – Y por último, ¿una ciudad para una nueva aventura?

E.A – Compostela siempre llama, por lo que implica de vuelta a casa, por los afectos y porque Galicia es y será siempre mi casa, pero estamos contentos en Barcelona y hasta ahora la ciudad nos ha tratado excepcionalmente bien en lo personal y lo profesional. Ha habido cantos de sirena de inversores de Oriente Medio y de Sudamérica para reproducir el modelo Arume, que no llegaron finalmente a materializarse, pero nuestro presente es Barcelona y aquí esperamos, optimistas, que esta segunda mitad del año suponga una progresiva vuelta a la normalidad para poder seguir dando de comer y haciendo feliz a la gente que nos visita.

Salud y hambre.


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