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Claudia Ramos: “Hay que luchar un poco contra la cultura de la inmediatez en la que vivimos”

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Con 16 años Claudia Ramos ya cruzó el charco para estudiar su primero de bachiller en Michigan (EEUU). Después de estudiar periodismo en Santiago de Compostela y vivir en Madrid, a su pasaporte suma destinos como Manchester, Nueva York, Oxford y Zúrich, donde actualmente comienza una nueva experiencia profesional.

Claudia ha sacado lo mejor de cada experiencia que ha vivido y eso le ha permitido tener claro qué es lo que busca y lograr ese equilibrio entre la vida personal y profesional que muchas veces no es fácil

Leticia Río: Desde tu punto de vista, ¿cuál dirías tú que es la receta para lograr la satisfacción personal?

Claudia Ramos: Para mí es ponerme un objetivo y cumplirlo. En esto me estoy reeducando a mí misma, en parte por mi personalidad y en parte por la cultura de la inmediatez que nos rodea, cuando empiezo un proyecto quiero que me salga perfecto y obtener resultados inmediatos.

Estoy aprendiendo a ser más realista con cuánto tiempo y esfuerzo me llevará y a disfrutar también del proceso y de los pequeños logros. Por ejemplo, ahora estoy estudiando alemán y por supuesto quiero llegar a un nivel C2, pero soy consciente de que tardaré años. En el pasado, saber que tardaría tanto en alcanzar mi objetivo me hubiese desanimado, pero ahora estoy orgullosa de haber llegado al nivel A2 con constancia y varias horas semanales, y esto me empuja a seguir estudiando.

Al fin y al cabo, creo que la satisfacción personal es avanzar un poco cada día, ya sea en el trabajo, en un deporte, en convertirse en la reina de los soufflés… lo que sea que te propongas. El interés compuesto es la fuerza más poderosa del universo.

L.R: Alejarnos de familia y amigos muchas veces es lo que más nos cuesta para dar el paso y emprender una nueva aventura, pero la suerte de vivir en diferentes sitios siempre se dice que es conocer gente y empaparnos de cultura. ¿Qué es lo que te llevas de cada sitio en el que has vivido?

C.R: Estar fuera te expone a conocer a muchas personas con valores y estilos de vida muy distintos a los propios. Para mí eso es un lujo y una oportunidad excelente para encontrar puntos de mejora en una misma, referentes a las que parecerse y también de identificar lo que no quieres ser.

En concreto diría que de Nueva York me llevo el dinamismo, la importancia de conectar con otros y también el ver la ambición como un rasgo positivo, no negativo. Creo que mucha gente identifica ser ambiciosa, especialmente si es una mujer, con algo malo, incluso hay quien lo utiliza como un insulto, y eso debe cambiar. Para mí ambición es visualizar, planificar y esforzarse, y muchas veces implica sacrificar otros aspectos de tu vida. ¡Eso es algo a admirar, no a criticar! Por ejemplo, yo tuve durante varios años una relación a distancia porque tanto mi marido como yo perseguíamos oportunidades laborales en países distintos, sacrificamos pasar tiempo juntos, pero conseguimos lo que nos proponíamos a nivel profesional y eso nos fortaleció individualmente y como pareja.

En Inglaterra aprendí sobre cómo el ambiente laboral afecta a nuestra vida personal, para bien y para mal. Creo que por eso es muy importante encontrar una profesión que te guste al menos el 80% del tiempo. Obviamente no te va a apetecer madrugar todos los días, pero si cada día es una agonía, es momento de un cambio.

En Zúrich llevo muy poco tiempo, pero admiro de los suizos los altos estándares que exigen a todo lo que les rodea y es algo que quiero incorporar a mi vida. No hablo de lujos, sino de valorarse a uno mismo y darse lo mejor dentro de las posibilidades de cada uno.

L.R: Becas, visados… Papeleo puro. ¿Cómo sobrellevar ese trámite?

C.R: Recomendaría buscar la información oficial, entender los plazos y documentos a presentar y ponerse a ello. Dependiendo del país esto es más o menos sencillo, pero aunque esté perfectamente explicado en la web, a mí siempre me ha ayudado mucho buscar a personas conocid@s/ amig@s de amig@s en el sitio a donde iba que ya hubiesen hecho los trámites y básicamente interrogarlas.

L.R: Del periodismo puro al marketing digital, ¿cuál es la clave para la adaptación?

C.R: Yo estudié Periodismo y se repitió mucho el mensaje de que íbamos a estar en paro durante años. Además, en la carrera había mucha gente con una vocación muy marcada que yo no tenía y me hacía sentir que me faltaba algo, pero resulta que para mí fue un privilegio esa falta de vocación. Al tener la mente abierta, aproveché varias oportunidades y me permití ir cambiando de rumbo. Primero probé el ser periodista tradicional (escribir en un periódico), no me gustó y no pasó nada. Después empecé en comunicación digital, en este mundo se mezcla todo un poco y me comencé a meter en más temas de marketing. Entonces tuve la oportunidad de seguir dedicándome a ello en Nueva York y en Oxford y hoy puedo decir que me encanta mi trabajo y lo sigo haciendo aquí en Zúrich.

Lo que quiero decir con esto es que no pasa nada si no sabes qué quieres, un primer paso puede ser descubrir lo que no quieres y descartar. Entender que hay muchas habilidades transferibles y que puedes ir redirigiendo tu vida.

También hay que entender que nuestras circunstancias y prioridades cambian, puede que me guste el marketing siempre, pero si en 10 años lo detesto, ojalá tenga el valor de encontrar un nuevo proyecto profesional.

L.R: ¿Qué echas de menos en tu día a día que agradecerías que te hubieran contado, explicado o enseñado antes?

C.R: La verdad es que me gusta ir descubriendo cómo encajo yo en cada nueva ciudad. Por ejemplo, qué cosas quiero mantener en Suiza de mi vida en Inglaterra o Estados Unidos y cuáles me doy cuenta de que es hora de cambiar. Al mudarme por primera vez, creo que el mejor consejo que me podrían haber dado sería “Donde fueres, haz lo que vieres”.

En un plano totalmente distinto, me encantaría haber recibido educación financiera antes. Creo que hoy en día se ha democratizado el acceso a las inversiones y todavía no estamos aprovechando al máximo las nuevas herramientas en muchos casos porque no sabemos ni que existen.  

L.R: Galicia está en tus raíces y siempre que puedes haces una escapadita. Marcharse no es fácil, pero volver tampoco. 

C.R: La verdad es que tengo la sensación de que para volver siempre hay tiempo. Ahora mismo tengo mucha flexibilidad y me parece que son los años para vivir en distintos países y aprovechar oportunidades. A mí me gusta estar fuera, me considero privilegiada en eso porque sé que hay gente que sale de Galicia por necesidad.


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