Beamonte es la fundadora de Lucky’s Bakes Ceramics, un proyecto de cerámica artesanal que nace tras una trayectoria internacional entre Ginebra y Miami y que hoy combina diseño, técnica y una forma de trabajar marcada por la calma y la intención. Desde su taller en Sabarís (Baiona), crea piezas funcionales y duraderas que reflejan una identidad muy vinculada a Galicia y a una manera consciente de entender el oficio. Conocemos un poco más a Fátima gracias a esta entrevista de la mano de nuestro compañero Daniel López.

Daniel López – Ginebra, Miami… Tu vida llevaba un camino muy diferente antes de este proyecto. ¿Cómo describirías ese recorrido profesional y personal previo a Lucky’s Bakes
Fátima Beamonte – Pues, ciertamente, mi vida era muy diferente, y la vida que siempre he pensado que tendría, no era esta.
Por fortuna, he crecido mudándome de un país a otro, pasando por lugares como México, Kentucky, Suiza y Miami. Estudié psicología y management en Ginebra, y tras unas prácticas en la ONU, decidí que quería enfocarme en Teacher training, para lo que me fui a Miami (donde vivía mi familia) a estudiar un máster. Estuve allí unos años, estudiando y trabajando, y en un punto de inflexión, decidí volver a España mientras decidía si quería hacer un doctorado o no. Aquí llegue, muy formada, y pensando en comerme el mundo con mi curriculum, que resultó solo servir para dar clases de inglés, asique comencé a trabajar como profesora de adultos y niños en una escuela privada nacional, con sede en varias ciudades, y una metodología muy marcada, lo que me trajo a Vigo.
Después de unos meses, conseguí lo que quería, un puesto en una empresa formando profesores en nuevas metodologías de enseñanza de inglés, lo que me llevo, a la oportunidad de invertir, en un colegio en Galicia (por resumir…) no todas las inversiones salen bien, y después de mucho empeño… esta acabo fracasando.
Momento en el que mi marido y yo decidimos volvernos a Estados Unidos, con una oferta de trabajo… en enero 2020. Te puedes imaginar lo que paso después. El momento más inesperado, nos pilló a nosotros sin trabajo, sin visado, y con la vida patas arriba…

DL – En tu web explicas que el torno te encontró en un momento muy particular. ¿Qué te hizo darte cuenta, en esa primera experiencia con el torno, de que ahí podía haber un camino nuevo para ti?
FB – En enero 2020, en un momento muy complejo personal, mi pareja me regaló unas clases de torno, porque me había obsesionado con la cerámica, buscando platos para emplatar mis creaciones gastronómicas de mi página de Instagram “Lucky´s Bakes”… y recuerdo ese momento, como quien se pone gafas por primera vez.
Algo dentro de mí se desbloqueó, y fue como si siempre hubiera jugado con barro. No pude parar. Iba al lugar de clases cada momento que podía, llegaba la primera y me iba la última. Me obsesioné por completo. Nunca había sentido algo así en mi vida. Luego llego el confinamiento, y sin barro ni acceso a torno, me pasaba las horas haciendo los gestos con las manos en el aire. Mi familia se reía de mí, pero era inevitable, y necesitaba seguir.
En ese momento no pensaba en nada más que en seguir jugando con barro, pero ese verano, cuando finalmente conseguimos volver a España, solo quería más. Me compré un pequeño torno, y aun en el paro y sin ganas de volver a trabajar en educación (mi gran sueño, pero que tan amargo sentía en ese momento) decidí empezar a trabajar con mi madre, ayudándole con la digitalización de su empresa, lo que me permitía, trabajar desde casa, en Baiona, y seguir jugando con barro cada oportunidad que tenía. Poco a poco, todo lo que iba creando iba creciendo, y al compartirlo por Instagram con amigos y familiares, salieron las primeras ventas.
Realmente no sabía si era algo de lo que podía vivir, pero tenía muy claro que era algo que no podía dejar de hacer. Ya era una parte fundamental de mi vida.
«Galicia es una parte muy profunda de mi alma, es un lugar en el que he vivido muchas emociones. El amor más puro y el corazón más roto.»
Fátima Beamonte
DL — Dices que Galicia no solo te inspira, sino que es materia prima en tus piezas. ¿Qué tiene esta tierra —su luz, su ritmo, su costa— para ocupar un lugar tan decisivo en tu obra?
FB – Si has llegado hasta aquí, entenderás que he dado muchas vueltas en mi vida… pero siempre ha habido una constante. Galicia. Mi abuela materna, y abuelo paterno eran de Vigo, con lo cual, mi familia ha pasado generaciones enteras en este lugar. Yo, desde que nací, he venido a veranear a Playa América, a mi monte Lourido… esto siempre ha sido casa, un lugar donde reconectar con mi esencia, y cada verano cogía fuerzas en este lugar, con su mar, sus montes, su arena, su verde, y sus olas.
Cuando tuve que volver aquí, aparentemente sin nada y “habiendo fracasado” no era consciente de que estaba llegando a donde tenía que estar, para hacer lo que tenía que hacer. Y no conozco otra manera de crear que esta, plasmando lo que siento por este lugar en mis obras. Es algo intrinseco, natural. Como mi manejo del barro. No entiendo otra manera de verlo ni hacerlo.
Galicia es una parte muy profunda de mi alma, es un lugar en el que he vivido muchas emociones. El amor más puro y el corazón más roto. Es donde he crecido, donde han nacido mis hijos, y donde he conocido a mi eterno amor de verano. Donde todavía siento a mi abuela, Montsiña, que me enseñó a amar este lugar, y con quien aprendí a disfrutar de mirar el mar y la luna, y a sonreir y valorar las pequeñas cosas cotidianas con la gran importancia que merecen.
Aquí siento todo esto, y cuando me siento a trabajr, y a crear con barro, es desde ahí, desde lo más profundo de mi ser. No lo puedo explicar de otra manera.
Esas sensaciones – la de crear, y el amor por este lugar – juntas, conectan.

DL – Hablas mucho de la espera, del no controlar, de dejar que las cosas tomen forma. ¿Cómo te ha cambiado la cerámica la manera de entender el tiempo y la vida cotidiana?
FB – Simplemente me forzó a dejar de buscar un camino, a dejar de forzar el donde ir, y simplemente estar presente. He tenido muchas dudas, la verdad. Muchas veces me he planteado, que hago yo con mi vida, con todo lo que he invertido en formación, y todo lo que luche por seguir un camino y un sueño, para después pasarme el día jugando en mi garaje… pero por más que le doy vueltas, llego a la misma conclusión. Estoy donde tengo que estar, haciendo lo que tengo que hacer.
La cerámica tiene sus tiempos. Cada técnica con el barro tiene su proceso de elaboración, y no se puede acelerar, ni ralentizar, por mucho que los artesanos pasemos horas pensando como optimizarlo. En verano seca muy rápido, en invierno no seca nunca…. Y el horno no se puede abrir antes de tiempo… es un proceso de creación ciclico, cada parte tiene su momento y su forma de hacerse, y cada artesano encuentra su manera, y es precioso.
A mi me ha forzado a aprender a estar presente, a confiar en mi proceso, y en el suyo y dejar que el barro marque los tiempos. Ha sido una metáfora muy importante en mi vida,(y en la maternidad) siendo alguien que siempre buscaba controlar todo, tener una carrera especifica en un campo especifico….
La cerámica me ha ayudado a entender que simplemente estando, buscando ser fiel a mi misma, y a confiar en los procesos, que todo está bien. Que todo ocurre a su debido tiempo. Y que querer acelerar las cosas solo hace que tardemos más en hacerlas.
No sin dejar de trabajar duro, claro. No estoy diciendo que nada de esto sea fácil, pero cuando lo disfrutas como lo hago yo, es muy agradecido – como la visa misma.
«Me “obligo” a disfrutar del proceso de creación de cada pieza que hago, da igual si es una o doscientas»
Fátima Beamonte
DL — Lucky’s Bakes ha pasado de algo íntimo y casi casual a colaborar con restaurantes con estrella Michelin. ¿Qué se mantiene intacto de tu esencia incluso cuando el encargo es grande o técnico?
FB – Lucky´s Bakes, y déjame explicar el nombre porque debes seguir preguntándote de donde viene… nace en Ginebra en el año 2010… cuando decidí empezar a hacer y vender muffins a mis compañeros de universidad, montando mi primer emprendimiento. El nombre hace honor a mi mascota, que falleció en ese momento…et voila.
De ahí, nos vamos al 2019, momento de crisis en el que retomé la idea, y abrí una cuenta en Instagram para compartir recetas… lo que me llevo a descubrir la cerámica, buscando platos bonitos.
Cuando empecé, solo creaba para mí piezas que me cubrían necesidades – tazas, platos, cuencos – , sin intención de venderlo, pero siempre compartiendo el proceso con amigos y familiares (los pocos que tenía en Instagram).
Cuando esto empezó a crecer, y Javi Fins, me hizo el primer encargo para un restaurante entraron en juego otras emociones. La elaboración de las piezas empezó a tener más riesgo, y mi proceso se volvió algo más monótono al crear varias piezas iguales.
Me obligue a parar, dar un paso atrás, y conectar fuertemente con lo que me había llevado hasta ahí. Hice una reflexión importante y tomé la decisión que a día de hoy sigo tomando con cada encargo grande que realizo. Me “obligo” a disfrutar del proceso de creación de cada pieza que hago, da igual si es una o doscientas…. Porque si no es así, pierde todo el sentido.
Cuando una afición, o algo que nos apasiona se convierte en tu trabajo, es muy fácil quemarse. Con este trabajo mental de recordar en cada encargo por qué estoy aquí, literalmente jugando con barro cada día, me aseguro de que todas las piezas reciben el mismo cariño, mimo y parte de mi, y evito quemarme.
Esto no significa que no haya momentos de estrés, o que las cosas salgan bien siempre, todo lo contrario. La cerámica tiene un margen de error grande – como la vida – pero cuando las cosas se tuercen, entiendo que es parte del proceso. Para hacer una vajilla se hacen piezas de más, y así reducimos el estrés. Luego, tengo la cocina llena de piezas con taras, o se las regalo a mis familiares, que les encanta.

DL – ¿Hacia dónde imaginas evolucionando Lucky’s Bakes en los próximos años? ¿Qué te gustaría que permanezca siempre?
FB – Pues, como he llegado hasta aquí, sin pretensiones, pero con objetivos claros. Quiero seguir aprendiendo todo lo que pueda, formándome en esmaltes y matizando nuevos procesos cada oportunidad que tengo.
Me gustaría estar en muchas casas, acompañando los momentos cotidianos de toda la gente, que, desde cualquier lugar del mundo, quiera viajar al océano o a los montes de Galicia con los matices de mis piezas. Tambien quiero estar en muchos restaurantes, dejando que los chefs utilicen mis platos como un canvas en el que llevar a sus comensales de viaje a donde quieran llevarles.
Estoy adentrándome en el mundo de la decoración, y me apetece seguir explorándolo, a ver donde me lleva.
Y por supuesto, seguir compartiendo lo que pueda con todas aquellas personas que pasan por mis clases en mi taller y se enamoran del proceso igual que lo hice yo.
Soy una persona relativamente ambiciosa con objetivos claros que voy revisando cada año, pero que permito que vayan sucediendo con calma y a su ritmo. Dejándome llevar y ajustando donde haga falta, para, sobre todo y sin olvidarme de ello, disfrutar jugando con barro, plasmando los matices de los mares, montes y esencia de mi Galicia querida.



