“Lo que aprendí fuera es que Galicia tiene una capacidad insultante de permanecer en ti ” – Gonzalo Camiña

Hoy hablamos con Gonzalo Camiña Ceballos, fundador de BeWay y una de las voces mas singulares en el ámbito del comportamiento humano, innovación y liderazgo. Con una trayectoria internacional que le ha llevado a desarrollar su carrera entre Galicia, Ciudad de México, Medellin, Londres y Nueva York, ha construido un proyecto empresarial con raices gallegas y mirada global. En esta entrevista reflexionamos con Gonzalo sobre talento, identidad, liderazgo y el papel de Galicia para crear organizaciones. Le entrevista nuestro compañero Gonzalo Picatoste.

Gonzalo Picatoste – Has desarrollado tu carrera entre Galicia, Madrid, Londres y Nueva York. Si miras atrás, ¿qué te llevó a salir de Galicia y qué aprendiste de ese recorrido internacional?

Gonzalo Camiña – Ahora que me haces mirar atrás… me cuesta usar la palabra “decidí”. Yo no creo demasiado en la idea clásica de la decisión: la genética y el contexto construyen mucho más de lo que creemos, y el “yo” que sentimos como agente activo es una historía que el cerebro fabrica para darle sentido a la vida, a lo inevitable.

Con esto… ¿qué me llevó a salir de Galicia? Si soy muy honesto, la curiosidad que traía de serie, el entorno familiar donde estudiar y explorar era casi obligatorio, y una Galicia que siempre te empuja suave a mirar más allá, fuera de sus fronteras. Galicia, como bien sabes, es una tierra que te abraza, pero que al mismo tiempo te dice: “anda… ve a ver qué hay fuera… y trae algo de valor de vuelta”.

No creo que haber salido de Galicia demuestre ninguna valentía, lo que demuestra es que tengo una genética y un contexto que me han hecho salir. Especial mención a mi madre, que sin los recursos que me dio tanto cognitivos como emocionales como financieros, todo este periplo hubiese sido imposible.

Lo que aprendí fuera, y sigo aprendiendo ya que continuo viviendo más de medio año entre México, Colombia, Chequia y allá donde me dejen ir… es que Galicia tiene una capacidad insultante de permanecer en ti. Da igual que haya estado en Estados Unidos, en Inglaterra, en Holanda… la identidad gallega, el acento que no se me va por mucho tiempo que pase fuera, ese valor que le damos al “producto” gallego, la constante duda, el amor por lo sencillo, por lo lejano al mundanal ruido, eso no se te va nunca, al menos a mí no se me ha ido. Y cuanto más mundo veo, más entiendo lo necesaria que es para mí este pedacito del mundo donde todo parece ir más lento y ser más bello, nuestro Hobitton particular.

GP – Tu trayectoria pasa de las finanzas tradicionales al mundo del comportamiento humano y la innovación. ¿Hubo un momento concreto que te hiciera replantearte el rumbo y decidir aprender con propósito?

GC – Sí, por supuesto, estamos hechos de momentos. Pero no tuve ninguno en formato “epifanía de película”. De hecho, creo que la poca comprensión que pueda tener sobre el comportamiento humano me ha ayudado a dejar de creer en ese relato de héroe que un día se ve iluminado.

El cambio vino cuando mis vivencias me hicieron entender que la conducta humana está en el centro de todo: de las finanzas, de la política, del trabajo, del amor. Y cuando entendí eso, vi que dedicar mi vida al estudio de las finanzas sin intentar entender el comportamiento humano es como estudiar océanos sin entender el agua.

En realidad, lo que pasó es que se alinearon mis predisposiciones biológicas (que algunas seguramente se vieron afectadas por un contexto inicial) como mi gusto por analizar patrones, mi obsesión por cómo las personas actúan y toman decisiones, mi rebeldía nata, con un contexto que me empujó hacia ahí: lecturas, conversaciones, crisis personales, oportunidades, personas que aparecieron en el momento justo…

Emprender con propósito fue una consecuencia natural de la curiosidad sobre cómo funciona la mente humana de verdad, más allá de la narrativa que nos contamos. Fue algo así como decir: “Vale, si sabemos que el contexto cambia la conducta, ¿por qué no construir organizaciones donde el contexto esté diseñado para que la gente florezca?”
Eso, sin muchas historias, es BeWay.

Crecí, como muchos de nosotros, en una familia donde convivían la dureza y el cariño, el conflicto y la sensibilidad”

Gonzalo camiña

GP – BeWay, la empresa que fundaste, se jacta de ser una empresa que cultiva el Liderazgo Eduaimónico. ¿Qué es y por qué es tan importante para ti?

GC – Para mi el liderazgo eudaimónico nace de la misma idea de antes: si lo que define el comportamiento humano es la genética y el contexto, y las personas pasan la mayor parte de su día en sus empresas, debemos crear una empresa donde se generen los contextos para que las personas sean las mejores versiones de sí mismas. Para que las personas sean felices.

Un lider eudaimónico no intenta ser el protagonista de nada. Intenta crear las condiciones donde la gente se conecta con un propósito que tenga sentido, reconozca su vulnerailidad. Pero también donde la exigencia convive con el cuidado y las personas crecen no porque alguien “las inspira”, sino principalmente porque el entorno lo hace inevitable.

Mi historia personal encaja mucho con esto. Crecí, como muchos de nosotros, en una familia donde convivían la dureza y el cariño, el conflicto y la sensibilidad. Un caldo emocional complejo que me obligó a observarme y observar el mundo con mucha finura. Y esa mezcla me marcó tanto que el único liderazgo que me sale natural es este: el que entiende que la gente está profundamente condicionada por el entorno que le das.

En BeWay esto ha sido determinante. No hemos construido una empresa “de cracks”; hemos construido, o mejor dicho, estamos construyendo, un ecosistema de personas con un propósito común, profundamente alineadas, que hacen cosas extraordinarias. Y eso solo puede ocurrir si colocas el comportamiento humano en el centro del modelo productivo.

GP – Galicia aparece en tu historia como punto de partida y de idenidad. ¿Qué crees que caracteriza al talento gallego y cómo influye en la manera de crear, trabajar y liderar?

GC – El talento gallego tiene una cualidad que a mi personalmente me encanta: está desinflado de ego. No porque no lo tengamos, sino porque culturalemnte el gallego, en general, desconfía de la grandilocuencia. Nos incomoda el exceso y esa incomidad es, paradójicamente, una tremenda fortaleza y ventaja competitiva. Nos hace prepararnos más y mejor.

El talento gallego suele ser más reflexivo, paciente, resiliente, creativo, aunque desde la sombra, y profundamente sensible al contexto. Desde mi punto de vista esto tiene ráices evolutivas y culturales ya que vivimos en una esquina del mapa donde siempre hemos tenido que adaptarnos a un medio duro, incluso emigrando cuando ha sido necesario, sobreviviendo con lo justo y cooperando sin alardes. Esta historia colectiva, esta energía, desde mi punto de vista, acaba permeando a casi todos los gallegos.

Y al final eso nos da un talento con un estilo de trabajo que combina humildad y profundidad. Un estilo de liderazgo que no se basa en imponerse sino en acompañar. Galicia te enseña a desconfiar del ruido y a valorar lo invisible: el detalle, la relación, la mirada…

“Me gustaría colaborar con proyectos que mezclen ciencia, comportamiento humano, educación, tecnología y cultura gallega.»

Gonzalo camiña

GP – A menudo se habla del “retorno del talento gallego”. ¿Te imaginas colaborando con instituciones o proyectos de Galicia para impulsar la innovación y el pensamiento crítico desde aquí?

GC – Sí, por supuesto, creo que BeWay como empresa gallega y que da trabajo a muchas personas gallegas es un claro ejemplo de este compromiso.

Creo que Galicia tiene una ventaja maravillosa frente a otras regiones y lugares, además de las ya citadas en relación al talento. Galicia es lo suficientemente pequeña para mover cosas rápido, y lo sufcientemente grande (especialemnte con la Galicia extendida fuera de España) como para que los cambios tengan un impacto real.

Me gustaría colaborar con proyectos que mezclen ciencia, comportamiento humano, educación, tecnología y cultura gallega. Proyectos que no sean solo “gallegos”, sino que tengan alma gallega pero impacto global.

GP – Si pudieras dar un consejo a los jóvenes gallegos que hoy están empezando su carrera, ya sea en ciencia, empresa o innovación, ¿cuál sería?

GC – Creo que esta pregunta me permite cerrar el círculo que comenzamos con la primera, y volver a hablar sobre genética y contexto.

Yo les diría lo que a mí me cambió la vida y descubrí tras muchas sesiones de terapia, muchos libros, muchas películas… “no os creáis tanto el “yo””, ni la consciencia, ni esa sensación de que sois los autores absolutos de vuestras decisiones. Suena muy provocador, y en contra de muchos de los valores modernos, pero es realmente liberador, al menos para mí lo ha sido.

La genética determina mucho más de lo que pensamos; el contexto casi todo lo demás, y la aleatoriedad, el resto. El “yo” y la “consciencia” son historias que el cerebro construye para darle coherencia a un proceso que es, en realidad, automático y absolutamente condicionado.

Cuando entiendes esto de verdad, no solo intelectualemnte, sino emocionalmente, pasa algo precioso y es que vives más ligero. Dejas de culparte por todo, dejas de obsesionarte por “ser alguien”, dejas de sentir que cada decisión es una prueba cósmica.

Ahí aparece una vida más tranquila, más plena, más honesta. Y aparece también algo clave: el esapcio para mirar y ver, como explica Carlos Castaneda en sus libros sobre los Indos Yaquis:

Mirar indica la visión superficial, con la que confirmamos nuestra realidad habitual. Es la acción de observar el mundo a través de los ojos físicos, donde vemos objetos estáticos y separados. Donde nuestra ilusión de consciencia vive e impera.

Ver va más allá, nos lleva a entender el juego: la vida como un campo de movimiento energético donde nada es tan importante, donde puedes soltar, donde puedes observar sin juzgar, donde entiendes que cada persona está haciendo lo que puede con la genética y el contexto que le tocó

Ver es comprender el juego: la vida como un campo de movimiento donde nada es tan importante, donde puedes soltar, donde puedes observar sin juzgar, donde entiendes que cada persona está haciendo lo que puede con la genética y el contexto que le tocó, y como descubrimos que todo está conectado.

Cuando empiezas a ver, te permites disfrutar. Y la vida se convierte en algo así como un juego serio pero no solemne.
Pero, Gonzalo, ¿Qué clase de consejo es ese? Pues el que te hace entender que en esta vida lo que tiene sentido es la felicidad eudaimónica, es que está basada en el “qué feliz estoy, tengo suficiente” esa que te hace sentir satisfecho y esa la podemos encontrar entendiendo los comportamientos que nos generan paz interior y maximizándolos, así de sencillo.

Dejas de buscar títulos, cargos, épicas, buscas comportamientos, acciones concretas del día a día que, cuando las haces, tu mente se calma y tú floreces.

Y eso es distinto para cada uno de nosotros, para algunos será resolver problemas complejos, para otros ayudar al prójimo, crear algo, investigar, cuidar, enseñar, escribir… cada uno tiene los suyos y su descubrimiento seguramente sea una de las partes más importantes de la vida de un adulto.

Y claro, una vez que los encuentres, intenta buscar una profesión que maximice estos comportamientos cada día. Para mí ese es el camino más corto para una vida plena y feliz, lo demás, el dinero, el prestigio, las expecativas de los demás, son ruido.

La clave son los comportamientos y Galicia, por cierto, es un lugar maravilloso tanto como para encontrarlos como para dejar de mirar tanto y comenzar a ver un poquito más.

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