Para muchos las palabras autismo o cualquier derivado del espectro tienen más peso que las capacidades y habilidades reales de la persona

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El año pasado con motivo del Día Internacional del Síndrome de Asperger hablábamos con Paloma Rodríguez, psicóloga en ASPERGA (Asociación Galega de Asperger), y este año no hemos querido dejar de sumarnos a visibilizar este síndrome que se distingue por una inteligencia media o alta y por no existir un deterioro del lenguaje y que, en común con el TEA tiene las dificultades en comunicación, interacciones sociales, y los patrones restrictivos y estereotipados. 

¿Cómo lo hacemos? Pues que mejor forma que hablar con Miguel Linares, y que nos cuente en primera persona cómo es su día a día. 

Miguel Linares Asperger
Leticia Río: En primer lugar, eres un venezolano afincado en A Coruña, enamorado de Galicia y agradecido de las oportunidades que tienes aquí. Tu vínculo es por familia lejana, pero ahora te sientes uno más. ¿Qué destacarías de los gallegos como sociedad? 

Miguel Linares: En Venezuela, nuestra sociedad siempre ha tenido una gran admiración y respeto por los Gallegos. Te comentan desde niño que son gente muy trabajadora y honrada, desplazada por la dictadura y que llegó a nuestro país sin herramientas ni el idioma, a trabajar en lo que fuese con tal de ayudar a sus seres queridos.

Pero, sin duda alguna, lo que más admiro y encontré una vez aquí, hace ya casi cuatro años, es la solidaridad y calor humano de la sociedad gallega, esa capacidad de conectar, comprenderte y hacerte sentir como uno más en esta maravillosa tierra; sin distinción de donde vengas, siempre abiertos a darte una oportunidad.

Asimismo, he observado de primera mano el respeto y valor que le dan a la familia, a la formación en valores y principios tan escasos hoy en día. La comida ya es otro tema aparte donde el polbo a feira y la tortilla se han vuelto mis principales debilidades.  

Galicia, no solo se ha convertido en mi nuevo hogar, ha pasado a formar parte de mi realidad, de mi todo. Su cultura, sus paisajes, su gente… Tengo un apego muy grande a todo esto. Non quixese ter que marchar nunca, só o feito de pensalo dáme morriña.

L.R Me comentabas que hasta los 20 años “no encajas, pero no sabes porqué”. ¿Qué ha supuesto para ti tener el diagnóstico?

M.L: Para mí el momento en que tuve el diagnóstico en mis manos, fue la primera vez en mi vida que tuve la respuesta a esta incógnita que me acompañaba desde que tengo memoria, fue como renacer; comenzar de nuevo, con una nueva realidad y perspectiva ante las cosas.

Desde muy niño siempre fui diferente al entorno que me rodeaba, era un niño despierto y vivaz, pero mis gustos y temas de conversación se adelantaban de lleno a los de un niño a esas edades. Mi mayor barrera eran las relaciones y habilidades sociales, sobre todo, con niños de mi misma edad, donde nunca conseguía encajar y sentirme a gusto. Irónicamente con los adultos ocurría lo contrario, me desenvolvía con soltura en temas como política, economía, pero sobre todo la que se convertiría en mi gran pasión, la informática.

La escuela y el instituto fueron etapas muy duras para mí, donde fui víctima de acoso y bullying continuado, con momentos que aún a día de hoy me remueven por dentro. La sociedad en la que me tocó crecer, lamentablemente tiende a arremeter con el diferente, con el que no se alinea a un patrón, fruto de la ignorancia y el desconocimiento, por lo que no se puede decir que haya crecido en un entorno ideal a nivel social.

En estas situaciones, considero que el apoyo de los padres es vital. No me imagino que sería de mí sin mi madre, quien para mí lo es todo. Siempre ha estado ahí en las buenas y en las malas, ayudándome a sobrellevar todo lo que me pasaba y dándome ánimos, enseñándome a luchar por mis sueños, a la vez que investigaba todo lo que me ocurría, sin rendirse y sin señalar como una enfermedad ninguno de mis rasgos. Fue ella la que me llevó por primera vez a ASPERGA, poco después de llegar a Coruña, ya habiendo intentado varias veces, conseguir un diagnóstico en Venezuela, pues ya había leído bastante sobre el Síndrome de Asperger y sospechado que yo podría ser uno desde mucho antes. No obstante, los especialistas a los que acudimos nunca estuvieron totalmente de acuerdo con darme el diagnóstico.

En el momento de acudir por primera vez a ASPERGA, en mi mente había un cúmulo de emociones, una parte de mí estaba en negación, otra tenía curiosidad, otra, miedo… Era enfrentarse por primera vez a esa incógnita de no encajar y no saber por qué. ¿Y si era…, que vendría después, peor aún, y si no lo era…?

Desde entonces llevo ya tres años acudiendo a las terapias que proporciona la asociación, donde con gran esfuerzo y disciplina he podido poco a poco aprender a sobrellevar mis dificultades y más importante aún, aprender a aceptarme a mí mismo tal como soy y enaltecerse como persona, desechando por completo esa autoconcepción de ser raro. Simplemente soy y pienso diferente, y he convertido esa “discapacidad” que me atormentó por tanto tiempo, en mi fortaleza.

Mi vida no ha ido sino para mejor desde que fui diagnosticado, no sería quien soy ahora de no haberlo sido. Creo que esta es la parte más complicada para muchas familias, reconocer, aceptar que ocurre algo y buscar ayuda.

L.R: Trabajas en mantenimiento electrónico por casualidad, pero a la vez estudias para lograr tu “sueño”, ser desarrollador de aplicaciones. ¿Qué destacarías de esta experiencia?

M.L: Realmente, el ciclo de mantenimiento electrónico fue algo que llegó a mi vida por mera casualidad. Desde un principio mi primera opción fue el ciclo de desarrollo de aplicaciones, pero al tener un bachillerato homologado, perdí algunos puntos en la asignación de plazas y quedé en lista de espera… Me asignan una plaza para este ciclo y, al ir de la mano ambas ramas, mi madre me animó a continuar a ver que tal me iba.

Aunque al principio me costó, el ciclo de electrónica fue lo que más me ayudó a integrarme, no solo aprendí un nuevo oficio, conocí a gente nueva y de la mano del diagnóstico fue donde verdaderamente pude aprender a abrirme y conocer mejor mis habilidades, así como superar mis dificultades. 

Gracias al buen índice con el que terminé el ciclo, finalmente pude acceder al de desarrollo de aplicaciones, que actualmente estoy culminando.

El pasado año, mientras estaba en primer curso, participé a su vez en un plan de empleo donde una de las tareas, fue poner a punto el LinkedIn, una vez lo actualizo, mi actual jefe me llama por teléfono y concertamos una entrevista.

Desde entonces, llevo ya nueve meses en la empresa, trabajando y estudiando a la vez. Suena fácil, pero una vez se convierte en tu realidad, te das cuenta que requiere mucha dedicación y organización para mantener el ritmo. Llegas a un punto en que parece que no te llegan las horas, por lo que la administración y uso efectivo del tiempo se convierten en una necesidad. No obstante, a pesar del trabajo duro, la satisfacción que te queda es mucho más grande aún, no solo es el hecho de sentirte útil, sino de cierta forma independiente, además siendo este mi primer empleo creo que es el mejor lugar donde puedo seguir aprendiendo de cara a mis futuras experiencias laborales.

Miguel Linares Asperger
L.R: Por lo que me has contado, eres un claro ejemplo de que LinkedIn sí que sirve para establecer relaciones y encontrar empleo. Pero también fue una manera de evitar estigmatizar tu perfil por tu diagnóstico y tener que decidir contárselo a tu responsable. ¿Qué supone esta decisión para ti?

M.L: En efecto, después de subestimar por mucho tiempo, me he dado cuenta que LinkedIn es una herramienta, que bien utilizada es capaz de hacer llegar tu perfil a un abanico de personas más grande que la mayoría de portales de empleo, donde tu CV entra en un limbo en el que muchas veces ni es revisado por el personal de RRHH.

En mi perfil fue una decisión personal el hecho de no comunicar mi discapacidad, no solo por el hecho de querer competir en igualdad de condiciones, sino por no estigmatizar mi perfil, pues lamentablemente para muchos las palabras autismo o cualquier derivado del espectro tienen más peso que las capacidades y habilidades reales de la persona.

Una vez mi jefe me contacta para comunicarme que tengo el puesto, por mi mente el cúmulo de emociones fue increíble, estaba muy feliz, tenía mi primer empleo formal, no obstante, también acarreaba un conflicto a resolver. ¿Se lo comento, o no se lo comento? Este dilema me acompañó en los días posteriores donde consulté con mi círculo cercano que debería hacer, unos me decían que lo comentara, sobre todo por los beneficios que generaría en el empleador, pero otros me decían que, si lograba pasar desapercibido, que no lo hiciese.

Este conflicto, se acentuó sobre todo al pensar en el apartado de la confianza, si se lo decía igual podría pensar que le había mentido en el CV y obrado de mala fe, pero por otra parte ¿cómo sería el día a día en el trabajo en cuanto tuviera un problema o necesidad asociado a mi condición? 

Al final, después de mucho meditarlo, tome la decisión de comentárselo, desde la sinceridad, aceptando el riesgo, dándole margen de contratar a otra persona si así lo consideraba. Mi jefe se lo tomó bien, dijo que no había ningún problema que lo que vio de mi en la entrevista le gustaba, pero me confesó que no sabía nada del Síndrome de Asperger de antemano, así que creo que estos nueve meses han sido un recorrido de aprendizaje para ambos.

Por eso considero que hemos de usar todos los medios de difusión a nuestra disposición para enviar un mensaje claro, que todos somos iguales ante el mundo y que somos merecedores de las mismas oportunidades

Miguel Linares
L.R: Utilicemos esta entrevista como altavoz para romper con el estigma de la discapacidad y que la sociedad se sensibilice y entienda que todos tenemos capacidades y que, con apoyo, podemos aportar. ¿Cómo crees que podemos normalizarlo?

Todavía queda muchísimo trabajo por hacer, pero gracias a oportunidades como esta entrevista y el trabajo diario de asociaciones como ASPERGA poco a poco lograremos el objetivo que es acabar con el desconocimiento y normalizar el Síndrome de Asperger.

En una sociedad donde todos somos diferentes, con nuestras cualidades y debilidades, por mero desconocimiento se nos asigna una etiqueta que nos limita, que nos presenta a la sociedad como personas que no podremos llegar lejos, sin sueños, sin expectativas. Más grave aún podría decirse, una etiqueta que genera miedo en muchas familias, que por temor al diagnóstico pasan por alto una realidad que es visible a simple vista. Una etiqueta por la que personas como yo, tenemos que ocultar nuestra realidad para poder avanzar… ¿cuántas personas con Síndrome de Asperger habrá en el mundo sin diagnosticar?, y los que cuentan con un diagnóstico ¿cuántos de ellos han llegado a la cima sin haberlo hecho de conocimiento público, sino mucho después, donde sus éxitos y sus logros están por encima de cualquier etiqueta?

Por eso considero que hemos de usar todos los medios de difusión a nuestra disposición para enviar un mensaje claro, que todos somos iguales ante el mundo y que somos merecedores de las mismas oportunidades. El tener Síndrome de Asperger no nos hace menos personas o menos valiosos en un entorno profesional, al contrario, hay cosas que hasta incluso se nos dan mucho mejor y que debemos enaltecer.

Es por eso que debemos seguir luchando, para dejar claro nuestro lugar en este mundo, y de las grandes cosas que podemos aportar a él, quitémonos las etiquetas, las limitantes y demostremos que lo que para muchos es incapacidad, a nosotros nos vuelve más capaces y competitivos en cualquier plano laboral.


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